Para quienes somos del sur, estos últimos años han dejado algo muy claro: la modernidad no se detiene, solo acelera. Basta viajar hacia el norte del país, o a otras regiones donde predominan las grandes ciudades o el desierto, para descubrir una paleta distinta: grises de concreto, tonos terrosos y paisajes secos. En Tabasco, en cambio, el verde no es la excepción, sino la regla. Una regla que, poco a poco, la modernidad amenaza con convertir en recuerdo.

En el sur, la poesía y la naturaleza siempre han caminado de la mano. Desde las observaciones luminosas de Carlos Pellicer hasta la melancolía de Teresa Vera y la elegancia de Alicia Delaval, el paisaje ha sido mucho más que un escenario: Es una manera de comprender las emociones.

La poesía sureña mantiene un vínculo profundo con la naturaleza y con sus desventuras sentimentales. El Tabasqueño, de alguna manera, llora entre flores.

Cuando llegó a mis manos Antofilia de Pétalos Caídos, sentí algo parecido a volver a casa. Encontré la voz de alguien que, consciente o no, continúa una tradición antiquísima de mujeres y hombres que han encontrado en la naturaleza el lugar donde florecen sus versos.

Se trata de un libro digital que puede leerse en el enlace que dejo al final. En él, Yael Ruiz presenta un poemario sumamente interesante tanto por su forma como por su contenido. La amalgama entre la naturaleza y las emociones melancólicas construye un recorrido que nos lleva de un otoño apremiante a un invierno sereno, donde las hojas caen para recordarnos que la belleza del ciclo de la vida reside, precisamente, en vivirlo.

Escribo sobre este libro porque me entusiasma encontrar una obra que dialoga de forma tan natural con la tradición poética del sur. Es un poemario con una identidad muy definida y una sensibilidad que difícilmente podría surgir lejos de esta tierra. Hay algo profundamente tabasqueño en sus imágenes y en la manera en que conversan las flores, la lluvia y la nostalgia.

Los invito no solo a leer Antofilia de Pétalos Caídos, sino también a escuchar lo que Yael Ruiz tiene que decir sobre el proceso creativo que dio origen a este libro

ENTREVISTA A YAEL RUIZ

DINO: El título mismo, "Antofilia", es un término poco común. ¿Cómo llegaste a esa palabra y por qué sentiste que capturaba mejor la espiritualidad de la antología?

YAEL: En la casa de mis abuelos paternos, cuando iba de vacaciones, me gustaba desprender las hojas del almanaque que les regalaban por ser clientes fieles de la carnicería del pueblo. Al reverso de las hojas venían chistes, adivinanzas y —mi sección favorita— la de definiciones. Desde entonces conservo el hábito de aprender palabras nuevas, algo así como la palabra de la semana o del mes. Antofilia fue uno de esos descubrimientos y, desde que la leí, supe que abrazaba muy bien el concepto de la serie de escritos que tenía en ese tiempo.

DINO: A lo largo del libro combinas vocabulario científico —fungicultora, caducifolia, polinización, Tabebuia rosea— con temas profundamente íntimos como el desamor y el duelo. ¿Qué te atrae de tomar prestado el lenguaje de la botánica y la entomología para hablar de las emociones humanas?

YAEL: No siento que sea un préstamo; para mí es algo común, es parte de mi lenguaje habitual. De formación profesional soy bióloga y, aunque me enfoqué más en cuestiones de fauna (curiosamente la fauna poco carismática, como los murciélagos y tlacuaches), en mi primer conjunto de poemas me di cuenta de que lo botánico tenía una fuerte presencia.

La parte entomológica, bueno, los insectos también son un grupo bastante rechazado (a excepción de las mariposas y algunos escarabajos), del cual, al ser una ciudad tropical, pues los tengo muy presentes en mi día a día. Esta mezcla de mi visión biológica y el lenguaje poético solo es el resultado de una bióloga a la que le gusta la poesía, o de una poeta encerrada en el cuerpo de una bióloga.

DINO: Hay una tensión constante entre la belleza y la descomposición: hongos, cadáveres, pétalos caídos, hojas secas. ¿Dirías que para ti la putrefacción es también una forma de florecimiento, o son procesos que ves en conflicto?

YAEL: La muerte no puede existir sin la vida y la vida no puede existir sin la muerte. Esa es una máxima biológica. El proceso de descomposición, por lo general, se asocia a algo desagradable. A mí me gusta porque representa otro tipo de ecosistema, uno donde habitan microorganismos que se encargan de mantener ese balance muerte-vida.

En el texto Naturaleza muerta, el último verso dice: "Morir puede ser bello". Para mí es así, pero no me refiero a la muerte en el sentido de la pérdida. Más bien, ¿cuántas personas no guardamos una flor entre nuestros libros? Eso también es un tipo de "cadáver".

DINO: El poemario está organizado casi como un herbario, con cada poema anclado a una especie o fenómeno natural específico. ¿Escribiste los poemas y después buscaste la planta o el insecto que los acompañara, o el proceso fue al revés, partiendo primero de la observación botánica?

YAEL: Primero escribí. Y luego seguí escribiendo. Cuando entendí que este poemario (me cuesta mucho llamarlo así, síndrome de la impostora) no iba a ser merecedor de ningún reconocimiento por parte de ninguno de los certámenes de poesía estatales y mucho menos nacionales, porque solo son poemas de una novata que, a la vez, era una chica en depresión atravesando el desempleo y una separación sentimental, me dije a mí misma: ¿Cómo haré para que las demás personas los vean atractivos y los lean?

Ahí fue cuando la creatividad llegó. En biología, dependiendo del área de estudio, hay métodos de conservación; en botánica, los herbarios son la forma más convencional. Y son una forma muy linda.

Tengo otra idea en mente, que es vender portarretratos con flores secas reales y mis poemas. Pero eso es más laborioso y necesito más materia prima y tiempo para hacerlo.

Estos textos son de finales de 2023 y principios de 2024. Sabía que, si dejaba pasar más tiempo, no me iba a animar a compartirlos. En 2025 hice la edición en Canva y ahí hay muchos recursos gratuitos. Entonces recordé: ¡Muchos herbarios ya tienen digitalizados sus ejemplares! Solo fue buscar el nombre de las especies y así construir esa edición digital.

Pero, como estoy empeñada en ganar unos pesitos con mis poemitas tristes, también me propuse hacer postales. La verdad están sencillas, pero considero que es un trabajo lindo. Y eso de ganar pesitos no es porque planee hacerme escritora millonaria; solo es una forma de hacerme sentir que la poesía también vale y que hay gente que la valora de una forma monetaria, además del apoyo que ha recibido, como el tuyo, con esta entrevista. Muchas gracias.

ANTOFILIA DE PÉTALOS CAÍDOS

DINOSAURIO.DK
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